Jaime Rest y un archivo por-venir

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Los ensayos argentinos de Jaime Rest
Por Analía Gerbaudo (Actualización octubre-noviembre 2010/ BazarAmericano)
Sobre: Ensayos sobre cultura y literatura nacional, de Jaime Rest. Selección, estudio preliminar y notas de Maximiliano Crespi. Bahía Blanca, 17grises editora, Colección “Lindante/materiales”, 2010.


Fue en el medio de una conversación con Sylvia Saítta que nos llega la noticia de la edición de Ensayos sobre cultura y literatura nacional de Jaime Rest. Al VI Argentino de literatura organizado por la Universidad Nacional del Litoral en Santa Fe durante agosto de este año, Ana Porrúa trae, una serie de libros cuya existencia diluye las desprevenidas conjeturas que estábamos desplegando respecto de las publicaciones realizadas a propósito del Bicentenario en el campo literario. Bajo el sello de 17grises se pone a circular una selección de ensayos de Jaime Rest junto a Meditación en la costa de Eduardo Mallea, Extremismo y “nihilismo” en la filosofía oriental de Vicente Fatone y Temas de crítica y estilo de Héctor Ciocchini. En otra colección la misma editorial reedita Poesía civil de Sergio Raimondi, Ernesto Guevara quiere ser Papá Noel y otros papeles, de Omar Chauvié y Berreta, Diesel y Laspada de Marcelo Díaz (ahora bajo el título Es lo que hay).
(Re)editar literatura en Argentina es hoy una promesa, un buen augurio y también un posicionamiento político. Mis amigos españoles especializados en el estudio de la obra de Jacques Derrida que trabajan como traductores al español se sorprenden por la apuesta de pequeñas editoriales argentinas como La cebra: que sea una “empresa” de este calibre la que, por dar un caso, financie la traducción a nuestra lengua de los dos primeros tomos de La bête et le souverain es, según ellos, muestra de emprendimientos venidos de un país en el que todavía quedan sectores que no reducen sus operaciones al mundo de la ganancia a gran escala y de las especulaciones del mercado.
El proyecto editorial de 17grises se sitúa en esta misma línea: al descuido del archivo que se observa tanto en las legisladas pero incumplidas normativas sobre la preservación de lo publicado en el país (“Hecho el depósito que marca la ley 11.723”) como en la ausencia de políticas estatales direccionadas a preservar textos en estado de pérdida potencial, oponen un trabajo sostenido que permite rescatar algo. En este caso puntual: una conferencia inédita y ensayos desperdigados en diferentes medios ligados a la extensión y a la divulgación. Dos prácticas que Jaime Rest ha cultivado junto a sus intervenciones como profesor en la Universidad de Buenos Aires (en la cátedra de Jorge Luis Borges) y en la Universidad Nacional del Sur.
Ensayos sobre cultura y literatura nacional se realiza bajo el cuidado de Maximiliano Crespi quien, además de la selección y de las notas introductorias, agrega a los ensayos de Rest uno propio que sitúa a los seleccionados en una red de envíos. “De Sur a Crisis. Cuatro hipótesis sobre Jaime Rest” es el título que elige para su texto que se enreda productivamente con la escritura del autor en cuestión. A las claras, una síntesis de ese recorrido poco ortodoxo entre Marcha y Sur, Crisis y Los libros y más tarde, Punto de vista, entre otras revistas periódicas situadas en sectores ideológicos enfrentados. Un texto que destaca esas otras intervenciones sobre las que sigue pesando el desdén de ciertos sectores de la crítica literaria: la divulgación, la extensión (ejercidas principalmente por su participación en los proyectos editoriales de Boris Spivacow: Eudeba y Centro Editor de América Latina) y el ejercicio de la enseñanza, dentro y fuera de las instituciones. El personaje que Crespi arma descubre a un hombre obstinado e intransigente: dejado cesante en su cargo de profesor en la Universidad Nacional del Sur en 1975 “por recomendación de autoridades militares de la Base Naval Puerto Belgrano” debido a una “conducta sospechosa en sus actividades extra académicas”, continúa con sus investigaciones literarias y con la organización de “pequeños grupos de lectura en los que se leía a Richard Hoggart y a Raymond Williams”. Una acción que también supo rescatar del olvido Aníbal Ford que lo sitúa como uno de los “primeros lectores inteligentes” de estos autores y también de Walter Benjamin, Roland Barthes, Kenneth Burke, Susanne Langer, William Empson, entre otros.
Los ensayos que Maximiliano Crespi selecciona para este libro son una buena muestra del trabajo de reorganización de la cultura que Rest trama a partir de sus desplazamientos entre inequívocos polos (acción que Crespi subraya al escribir su título). “Cuatro hipótesis de la Argentina”, un ensayo editado en la serie “El viento (Homenaje al Sesquicentenario de la Revolución de Mayo)” e incluido en los Cuadernos de Extensión Universitaria de la Universidad Nacional del Sur, es el primero de la serie que expone una continuidad, o más bien, una obsesión de Rest: Sarmiento, o mejor, el Facundo caracterizado como “el primer libro que se propone examinar los conflictos suscitados a causa de nuestro advenimiento como nación independiente”. Rest lee a contrapelo nuestros relatos de fundación: “bastaría con hojear cualquier manual escolar de historia argentina para advertir que aún hoy se imparte un conocimiento imperfecto y discontinuo de nuestro pasado”. Sentencia que se pronuncia cuando remarca que tanto la revolución de mayo, el congreso de Tucumán como las campañas libertadoras, “axiomáticamente” identificadas con la “emancipación argentina”, son escritas por “círculos urbanos” compuestos por intelectuales, sacerdotes, militares o comerciantes educados en Europa y a la vez (¿por ello mismo?) incapaces para incluir en su composición lo que sucedía en los estratos populares y rurales. Por lo tanto para Rest “el panorama histórico con que generalmente nos manejamos resulta fragmentario, desequilibrado: la historia aceptada es aquella que tuvo origen en Buenos Aires o en las más tradicionales y cultivadas ciudades del interior, en tanto que el resto de nuestro extenso territorio ha quedado en la penumbra de vagos juicios acerca de las cosas que sucedieron de una manera caótica e incongruente que de ningún modo pueden reducirse a una exposición orgánica”.
Probablemente sea esta tesis la que lo ha llevado a Ezequiel Martínez Estrada cuya figura equipara en un punto a la de Sarmiento (a un Sarmiento: al más descollante, al más conocido; ese que escribe el texto que Borges ubica en el centro del canon de la literatura argentina). Crespi incluye en su colección una conferencia dada por Rest en la Universidad Nacional del Sur en 1967 al cumplirse un aniversario de la muerte de Martínez Estrada. Allí se inscribe esta analogía: “A semejanza de Sarmiento –de aquel Sarmiento que escribió Facundo en un esfuerzo por comprender la dinámica de nuestras instituciones naturales y las exigencias previas de cualquier transformación progresista de nuestra realidad social–, Martínez Estrada buscó con afán sostenido las raíces de la profunda perturbación que comenzó a manifestarse a partir de la década del treinta, como consecuencia de la quiebra sufrida por la legitimidad gubernativa y por la continuidad institucional”.
El Facundo aparece, otra vez, en el “El ensayo argentino” que originariamente había circulado en 1979 como el fascículo 5 de La historia de la literatura argentina (el título entonces fue “Panorama del ensayo argentino”). En aquella ocasión el apartado acompañaba una edición pocket de El juicio del siglo de Joaquín V. González, cuyo prefacio Crespi agrega a su selección. Con el eco de las más radicales tesis borgeanas (esas que sostienen que “Después del Facundo de Sarmiento o con el Facundo, el Martín Fierro es la obra capital de la literatura argentina” y que parecen matizarse, no sin ironía, bajo otras formulaciones: “No diré que el Facundo es el primer libro argentino; las afirmaciones categóricas no son caminos de convicción sino de polémica. Diré que si lo hubiéramos canonizado como nuestro libro ejemplar, otra sería nuestra historia y mejor”), Rest afirma que “así como el Martín Fierro de Hernández ha llegado a ser considerado por la crítica argentina el poema nacional más representativo del siglo XIX, del mismo modo cabe juzgar que Facundo es la más significativa obra en prosa del período”.
Jaime Rest (1927-1979)
El escogido bien puede ser un hilo a partir del cual recorrer la trama de esta compilación: el modo en que los escritos rondan sobre un texto que aún nos desvela. Desde Ricardo Piglia hasta José Luis De Diego pasando por Miguel Dalmaroni y algunos más, la pregunta por quién de los contemporáneos escribirá el Facundo atrapa a escritores, profesores y críticos. Las conjeturas involucran al propio Piglia y a Juan José Saer entre cuyos textos sobresalen, con hipótesis bien diferenciadas, El entenado y El río sin orillas. Las aseveraciones dejan picando este interrogante que se entrevera a la vez que parece despegarse de otra tesis borgeana: “El Facundo nos propone una disyuntiva –civilización o barbarie– que es aplicable, según juzgo, al entero proceso de nuestra historia”. Un dilema que, como bien nos ha mostrado Maristella Svampa, se va encarnando en variados actores a medida que pasa el tiempo: unitarios y federales, capital e interior, peronistas y antiperonistas, pueblo y oligarcas marcan los pulsos de una fórmula que se altera y que marcha hacia un costado fuera de cálculo (como bien ha retratado Miguel Dalmaroni en un ensayo reciente). Lejos de estas operaciones, no obstante Rest también lee el Facundo en clave de potencia interrogando lo que esa escritura puede: “la raíz específicamente poética de una literatura testimonial quizá deba buscarse, antes que nada, en un idioma que se preste a calar con apropiada hondura en la situación explorada”. Esta vez de su texto emblemático destaca ese logro de Sarmiento que hace “del habla cotidiana un instrumento expresivo de singular eficacia”. “La búsqueda de un idioma nacional” es el título del ensayo donde inscribe esta conjetura. Una conferencia hasta ahora inédita presentada en las “Segundas Jornadas de Métodos de Investigación de enseñanza de la Historia y de la Literatura Rioplatense y de los Estados Unidos” realizadas en Bahía Blanca en junio de 1967.
La relación entre habla y literatura también se toca en “Para una estilística del arrabal” publicado como folleto en 1965. Borges, desde el epígrafe hasta el cierre, irrumpe como interlocutor en un trabajo que sitúa al tango como “la forma más próxima al lenguaje popular que ha quedado registrada literariamente” por estas pampas. Rest envía a los tópicos de la literatura universal cuando vuelve sobre el ubi sunt y sobre la resemantización del motivo de la luna desde una prosa que no escatima el ejemplo que, imagino, debe haber estado presente en sus otras intervenciones: en esas que recuerdan los que lo conocieron, los que fueron sus alumnos, sus ayudantes, sus colaboradores.
Este libro (junto a los otros de la colección “Lindante / materiales”) se empeña en rescatar un archivo. El sello editorial aprovecha de modo productivo e inteligente el Bicentenario para traer un conjunto de análisis sobre distintos momentos de nuestra historia. Una tarea que, esperamos, no se detenga en esta operación y que permita, entonces, imaginar un archivo (igualmente promisorio) por-venir.


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