Un tajo entre líneas*

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"La filosofía debe ir al barro"

Por Agustín Hernandorena

Los buenos equipos se forman sobre columnas vertebrales. Un arquero sólido, un dos potente y aguerrido, un cinco con chapa, metedor y distribuidor, y un nueve que la meta seguido. Con esa base, medio titulo adentro. La cosa es que, nos encontramos con un cinco que además de esas aptitudes, tiene la calidad de la elocuencia: perfecto charlador de árbitros, ilustre conversador de rivales, eximio transformador de situaciones, un padre de los compañeros jóvenes, un amigo de los grandes. El protector del vestuario.
Guillermo Goicochea, “experto relucidor de canillas”, rezonga con su querido Pacifico cada sábado, y desde 2010 lo verá otra vez en Primera. Desde el otro lado del canal, vuelve afónico y da clases de Antropología filosófica y de Historia de la Filosofía Oriental en la UNS. Nació acá en el ’69 y según la biografía no autorizada, vía Crespi, “era de esos pibes bien sanputas”. Además de docente, hincha del verde y xeneize fanático, es investigador, ensayista y coordina 17grises editora. Ha colaborado en numerosos congresos y publicaciones periódicas. Colabora asiduamente con la revista La posición. Letras, cultura y política. Ha publicado Gramática de los medios (17grises editora, 2008) primera parte de una trilogía que se completará con Gramática de la Mirada y La ontología gris, dedicada íntegramente a la experiencia estética. Usa los apellidos vascos, como el mío, para hacerlos funcionar a la perfección en el medio de una buena puteada, de las que no me salvé ni en sus clases. Al suyo lo excluye. Mantiene un blog (un vacío, una nada), al que alimenta asiduamente.
Llega unos minutos previos a la nota, y ya desde la vereda se queja de las masitas compradas: “Galletitas de maricones”, me dice. Viene en compañía de Karen Garrote, a quien presionamos para que nos dé una futura nota pero se niega cada vez con menos fuerza. El hoy Licenciado en Filosofía, aunque arrancó Licenciatura en Química, volvía de noche a su casa, cuando era un chico, todo sucio, "a la miseria", después de vaguear y hacer salvajadas; hoy practica la serenidad como modo de vida mientras sube las escaleras del edificio en que se encuentra el Departamento de Humanidades, con su equipo de mate a cuestas, y un bolso con pocos apuntes.
En esta nota, con el filosofo local Guillermo Goicochea, un corto recorrido por su artefacto más preciado, pensado desde Bahía: Gramática de los medios, primer ensayo que desteje algunos nudos que sobre principios del XXI, nos prefiguran a nosotros: seres humanos, latinoamericanos, argentinos, bahienses. Un hombre que desde la mitad de cancha le habla a los de atrás y a los de adelante, con un pie puesto en la institución y otro en la vereda; un tipo que distribuye las ideas con precisión y a un toque. En el medio, frenado, eligiendo ese pase, esperando expectante por un pase entrelineas, que descoloque al rival.


[Enfrentar el objeto, sambullirte y deconstruir los mecanismos mecanizados]

¿Del libro querés que hable? Raro artefacto la Gramática. Creo que hay un titulo que fue muy sugerente: “El secuestro de la mirada”. Para mí la mirada es parte del discurso y creo que la Gramática lo que intenta interpelar, es eso. No solo respecto a la academia, sino a lo que nos está pasando como polis. La idea es producir un pequeño tajito, corte, para ver cuáles son las hebras esas que nos van tejiendo, de ahí parte el hecho de leerlo en clave de gramática, animarse a leer la pantalla como se lee un texto. Cuando hablo de pantalla, no me refiero solo a la pantalla de tele, de una lap-top, sino también al parabrisas de un auto y a la pantalla que se monta en una cátedra, es decir, a la máscara. Por detrás uno puede ir viendo esas hilachas y cómo se va produciendo un discurso que se naturaliza y se funda como hegemónico y no hay un modo de poder entrarle, porque se genera como una pantalla de acero inoxidable. La idea era hacer un alto, parar la pelota, dejar de correr atrás, frenar y ver cómo está dispuesta la cancha. La idea de poner la pelota al pie y cambiar la velocidad: contra todo gesto de Verón, yo me sigo quedando con Román. Todos corremos, entonces cuando frenás te podés preguntar qué estás haciendo.
Ayer charlaba un poco con Maxi [Crespi] y le decía que mi preocupación en la Gramática no es el enunciado desmontar cómo se constituye el sujeto, sino que mi preocupación es más atrás ahora, mi problema ahora es cómo esa subjetividad es hablada por un discurso y ni siquiera lo repara, lo repite de modo mecánico. Y es donde se ve cómo funcionan de manera tan aceitada los planteos hegemónicos. En lo cual, los medios masivos de comunicación colaboran de manera más que clara, más que importante. A la vez, fue una jugada personal, la de instalar una discusión en la academia, sobre un objeto sobre el que se supone la filosofía no debe hacerse cargo. Esta cuestión que parece que no hay que ir al barro, que la filosofía sigue
encerrada en los gabinetes, y que ésta pasa por los enunciados: discursos que se refieren a otros discursos, a otros discursos, etc.

[Le cuento al licenciado Goicochea que el otro día en la radio volvieron a pasar un tema del grupo prefigurado por el massmedia (Mambrú) y que el estribillo estaba en mi cabeza, desesperado, corro hacia una respuesta]
La memoria clausura y descontextualiza. La memoria debe ser ejercitada tanto como el olvido. Si una cae en desmedro de la otra, estamos fritos. Los medios colaboran muchísimo a formar una memoria, a instalarse y a cooptar parte de esa memoria. Si uno repasa la cantidad de GB que tiene la cabeza, ocupados con datos banales y al pedo, sin duda va a querer desfragmentar ese disco; me parece que el olvido tiene que ser una actitud, y eso deja más espacio para que se estire, se ejerza, se haga más lánguida la memoria. Es complejo ver los procesos de borramiento que hay sobre la memoria: cuando hoy un pibe de 20 años, no conoce la historia reciente de nuestro país, salvo que
vea el programa que muestra Pigna por televisión… es decir, hay jugadas dentro del medio que pueden colaborar, pero en general sabemos que el medio no colabora en nada. Lo que trata es de deletear los archivos que vos puedas ligar.


[Guille presenta un problema. Tres meses después se enfrenta al ÁTICO especial de elecciones y esa contienda le cae ajena, extraña a su mirada]

Ese hiato, me parece, que es cultural y que se produce cuando tres meses después nos enfrentamos a una noticia que parece de años, tiene que ver con el exceso de parpadeo que tenemos, ya no miramos fijo, ya no lo podemos retener con la mirada, porque se sustrae a ésta, es el zapping. Es necesario pasar rápido a otra cosa, entonces el cuerpo no alcanza a instaurarse en la memoria como una mínima marca. Eso no pasa a la subjetividad, no importa, queda en una memoria de lo que se olvida. Queda en un estado flotante, en un stand by, hasta que no tenés contacto directo con eso, parece olvidado. Hay un ejercicio activo y otro pasivo del olvido, ese borramiento no lo está ejerciendo el sujeto contemporáneo, le es ejercido, entre otras técnicas, por el massmedia, abarrotándote de información. Cuando te levantás, ponés la pava para el mate, ponés TN, entrás a la Web y te abarrotás de información, quizá porque lo que tengas que enfrentar durante el día sea mucho peor que eso, ya te obturaste, ya ahí activaste la memoria de lo que te tenés que olvidar, más que activar la memoria de lo que te tenés que acordar. En ese doble proceso, entonces, se juega algo que puede ser muy corrosivo, para uno mismo, porque eso está en el cuerpo, yo no creo que esté en otro lugar.


[Cada medio, cada multimedios construye su realidad, por eso Masseti antes, Santo ahora: “Estas fueron las noticias”]

Por formación yo desemboqué en el nihilismo de la técnica, pero no me quedé a discutir las bases teóricas, los fundamentos teóricos, preferí atravesarlo y ver qué consecuencias tenía. En ese planteo, utilizando todas las herramientas del nihilismo de la técnica, justamente como una herramienta, empecé a desmontar y a encontrarme con esos mecanismos, artefactos que son construcciones de cualquier medio; siempre al medio hay que entenderlo como un fin en sí mismo. Cada uno de los medios es una empresa, cuya finalidad es ganar dinero, y lo ganan a costa de lo que sea. Por lo tanto, si lo que se ve como realidad hay que subvertirlo o pervertirlo, para hacerla más linda, para banalizarla, para hacerla más violenta, se hace. Entonces, cada uno de los multimedios que responden a determinados intereses empresariales, van a crear una realidad para sobreponerla a la que nosotros concebiríamos como tal. Lo que pasa, es que llegamos a un grado de saturación total que ya no sabemos cuál es esa realidad “real”: yo juego con esa ironía en el texto. Hay tanta aglomeración de realidades virtuales que ya la realidad
“real” quedó sepultada. Entonces estamos exigidos de hacer todo un trabajo de deconstrucción, hay que desmontar, hay que leer bien cuáles son las lógicas que se están articulando en ese discurso; porque siempre está patinando sobre un discurso, lo que hay que encontrar es ese yeite a ese multimedia, ver cuáles son las categorías empresariales con las cuales se está jugando. Y a partir de ahí leer, esa es la idea de la gramática, leer con qué gramática esos tipos están articulando esto que patina arriba de nuestro sentido de realidad.


[En el apuro y en la corrida: ¿Cómo hacer el desmonte?]

Soy tremenda y hasta diría que estúpidamente optimista. Hay que educar la mirada. Si uno piensa en una corriente como la nietzscheana: toda interpretación tiene que estar basada en una sospecha, pensarlo así ya te abre caminos, ya no exige un lector culto, académico, cualquiera puede desconfiar de lo que le dicen y cualquiera debería desconfiar de lo que se dice. Ya con ese gesto de sospecha ‘¿de esto no podrá ser de otra manera?’, el inter de la interpretación se abre. Ese entre que abre la sospecha, es el que retira la idea maniquea de la cosa, y pone en cuestión al tercero excluido, no hay orillas para pensar. Por ejemplo, la mesa está articulada por dos bordes que forman la tabla de madera, ¿y afuera? ¿y todo el vacío que te queda alrededor? No se piensa. Esos dos bordes te meten adentro de A o no A, y no hay opción. Pero también se puede pensar que B no sea A, es decir que B está en relación con C, con D, con E; entonces cuando abandonás formas tan rudimentarias, tan bipolares del pensamiento, aparece el entre. Conservar formas tan rudimentarias, por acción u omisión, sirven tan solo para mantener el status quo. Cuando hablo de excluido, es el marginado, social o cultural, el sexual, etc. etc. No hay otro modo que ponerse en el entre que se abre, pero si no hay sospecha no tiene sentido. Interpretar es violentar, siempre… de esto se me acusa comúnmente en los ámbitos académicos, de vejar los conceptos, de dar nuevas raíces para las palabras. Creo que no
queda otra. La historia de la filosofía la podés comprar en cualquier kiosco, para qué vamos a seguir pensando sino. Sigo pensando que el educar es fundamental, que es la piedra de toque para todo esto.

[El artefacto es una cosa hecha, tiene su formación]
Gramática de los medios es una travesura. No termino con esto, con la gramática empiezo. Es la decisión que tomé para decir ‘con la caja de herramientas que me dio la carrera, con una jugada ética y política, quiero leer la ontología actual’. En esa búsqueda, observo que el mundo actual está coordinado y dirigido por la información y la información es dar una sola forma, es uniformar. Y entonces, ahí arrancó la sospecha. Ya en el proceso, me fui encontrando con diversas cuestiones, que es lo que articula o desarticula este artefacto. A mí me dio que pensar la pantalla, lo que no quiere decir que esté mal que haya gente que siga pensando en el alma, en dios, en la muerte. La Gramática se construyó mitad estando yo en Tokio, y mitad acá en Argentina, entonces, quedó un artefacto medio tensado. Parte de la experiencia, era abrir otro espacio que ya se escapa de la intención de la Gramática, ya no tenía que ver con la pantalla sino de mi relación con la pantalla. En ese pasaje de objeto-pantalla al sujeto, ahí entra el entorno y la ontología gris. La idea ya de pensar con qué actitud se mira esa pantalla, no solo tiene que ver el ojo.

[Mirá lo que te digo, escuchá lo que te muestro]
Para mí, separar palabra y cosa es fundamental, para lo cual yo hago esa perversión de violar los conceptos y formar falsas etimologías, de eso se me acusa. Por un cariño especial a las teorías rizomaticas de De Leuze, pensar una gramática como un rizoma es más que interesante para mí, por eso a veces tiendo a forzar los conceptos. Hay un problema de confundir, la ontología con la lógica, o sea, el modo de expresar un logos y confundirlo con la categoría de la cosa… ahí hay un problemita interesante, que desde Aristóteles para acá no lo volvimos a poner en crisis, cuando Foucault sospecha entre palabras y cosas, previamente porque Nietzsche sospecha, que todo se podía construir con el lenguaje, y que no había que creerle mucho. Son como epígonos, después se silencia el planteo. No es el silencio poético respecto al logos, es el silencio de la no palabra, si no hay palabra, no hay posibilidad de pensarlo. Plantearlo como una gramma, como algo orgánico, que está vivo, le da una dinámica especial. Si es cierto, que yo prefiero desplazar la cosa. Prefiero pensar la categoría de relación y no la de sustancia, a partir de ahí puedo separar el nombre de la cosa. Es un riesgo que se asume.


*Entrevista realizada por Agustín Hernandorena, aparecida en el número 39 de Nexo, Artes y culturas, Suplemento cultural del Periódico Ático, 17 abril hasta 30 de abril de 2010. Las imágenes pertenecen a esa edición impresa.
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